Conectar con el cuerpo, conectar con la tierra

Hay pequeños cambios en los pequeños pasos que vamos dando cada día de nuestras vidas, para volver a nuestro ser original. Podemos ser más o menos conscientes, pero hay una inteligencia, una sabiduría que existe en nuestro cuerpo, en nuestra alma, que siempre pulsa hacia su verdadera esencia.

Deteniéndonos un momento a simplemente respirar, a dejarnos embeber por ese instante de puro presente comenzamos a transitar ese camino, en el que retornamos al sentido de pertenencia con la naturaleza.

Cerrar los ojos… sentir como el sol, el viento, acarician nuestro rostro, como nuestros pies se hunden en lo verde del pasto, en lo húmedo de la tierra. Sentir el cuerpo es conectarlo con la naturaleza de la que ya es parte.

A veces el diálogo entre mente/cuerpo puede ser confuso, distorsionado, complejo. Pero más allá de ese ruido, el corazón siendo puente seguro nos dicte: “relajá, ablandá, dejate sentir y sostener”.

Como la tierra dejándose penetrar por el agua, somos esa esponja que en la superficie de la piel tiene la capacidad de absorber, de nutrirse, y cuando recuperamos esa consciencia, todo circula y fluye mejor.

Si pensamos en nuestro cuerpo, podemos pensar en la tierra. Cuando te pierdas, volvé a ella, no es solo un dicho “bajá de las nubes, aterrizá”. 

Conectar con tu cuerpo, es conectar con la tierra.


Gratitud.

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